Demandas familiares, autolesiones y crueldad en la convivencia.
“A mi hijo lo maltratan y la escuela no hace nada” no es solo una queja: condensa el malestar de una época en la que la confianza se debilita y el otro deja de ser reconocido como sostén y semejante. En ese escenario, la escuela queda fácilmente acusada y empujada a responder con urgencia.
Sin embargo, la escuela no está para justificarse, sino para sostener su función fundamental: cuidar y reconstruir vínculos. Cuando el dolor se inscribe en el cuerpo, la crueldad circula en redes o las demandas familiares se vuelven desbordadas, la tarea educativa se redefine como una apuesta ética: ofrecer mediaciones simbólicas —habilitar recursos culturales y construir condiciones institucionales— que transformen la sospecha en diálogo, la soledad en lazo y la indiferencia en responsabilidad.
Allí donde parece que la escuela “no hace nada”, este libro pone en valor intervenciones pedagógicas que sí hacen diferencia, siempre que se orienten por la singularidad de cada situación y no por la presión de dar respuestas inmediatas.
<<A mi hijo lo maltratan y la escuela no hace nada>>
Cranco, Mariano

