Vivir en primavera.
La primavera no violenta al árbol, no lo presiona, no lo fuerza a dejar de ser como es, hace posible el crecimiento. Las flores y los frutos llegarán a su tiempo, sin prisa y sin pausa. La primavera hace posible que el árbol sea él mismo y crezca hasta el límite máximo. La red de escuelas de un país constituye una primavera sin fin. En sus aulas las alumnas y alumnos pueden florecer y dar frutos. Gracias a la acción educativa, las personas podrán llegar a su plenitud.
Este libro se divide en tres partes. En la primera se plantean las exigencias de la primavera, es decir, aquellos requisitos que hacen posible una buena educación. No cualquier tiempo es primavera. No en cualquier tiempo pueden crecer cerezos. En la segunda se habla de las flores y de los frutos, es decir, aquellos resultados que genera el crecimiento sano y equilibrado del cerezo. En la tercera se abordan las inclemencias del tiempo y otros problemas que hacen inviable el crecimiento.
El valor de la Educación.
Miguel Ángel Santos Guerra

