Lo escrito se escribe en el inconsciente creando el orden de la Cosa (Das Ding). Esto supone delimitar y definir el campo de la cosa y sus implicaciones. El campo de la Cosa está sembrado de letras: signo del objeto representado, cuyo referente es el cuerpo, antes del advenimiento de la sonoridad. La Cosa ignora la palabra, es una imagen corporal. Junto a la concepción psicoanalítica del cuerpo erógeno, se nos impone otro concepto: el cuerpo del lenguaje, un cuerpo segundo, lugar de la lengua.
La escritura inconsciente no tiene por función comunicar o expresar, sino conformar, más allá del lenguaje, la historia pulsional del sujeto. Esta escritura es un conjunto de signos sin relación las conas ideas, ni con la lengua, y destinados a definir en su espesura un lenguaje, aquel que estructura el inconsciente. El inconsciente está estructurado como lenguaje, afirma Lacan. Un lenguaje perenne, que hace del Inconsciente una dimensión atemporal.

